Esta semana, Pablo Urdangarin y de Borbón ha sido convocado por el equipo nacional absoluto de balonmano, los “Hispanos”.
Como padre, no os imagináis el orgullo que siento. Confieso que he llorado de emoción y gratitud al ver llegar este momento. Pablo es el fruto de un camino largo, lleno de esfuerzo, sacrificio y crecimiento. Ha puesto su talento al servicio del equipo, siempre apoyado en valores personales sólidos y auténticos.
Desde muy joven, ha trabajado tanto sus aptitudes en la pista como su fortaleza interior. Su mentalidad —basada en la humildad, el trabajo y la paciencia— y su forma de comportarse son admirables. Es generoso, honesto y ¡un auténtico guerrero!
Su trayectoria no ha sido fácil: vivió en países con poco nivel de balonmano en etapas clave de su desarrollo, emigró a Alemania para poner a prueba su talento y su futuro, y cuando llegó a Francia apareció el COVID, obligándole a volver. En el Barça encontró un nuevo camino desde la base, que lo llevó a compartir vestuario con los mejores.
Su explosión en el Balonmano Granollers ha sido fruto de su resiliencia, paciencia y confianza en el proceso. Ha creído en sí mismo, ha sabido esperar su momento y ha tenido la suerte de rodearse de un equipo extraordinario de compañeros y entrenadores.
Hoy, le llega la oportunidad de ser “Hispano”, y la vivimos con una emoción inmensa. Como él mismo dice:
“Esto no es un premio, es una oportunidad para seguir creciendo y evolucionando como persona y como jugador.”
Chapeau, Pablo.
No puedo sino terminar como he empezado: estoy muy orgulloso de ti. Todos lo estamos. A seguir disfrutando.



